Los hechos no siempre se imponen (o la importancia de construir una buena historia para convencer al cliente)
En teoría, si tus productos o tus servicios -diseños, traducciones, textos, aplicaciones, consultorías- son los mejores, eso significa que vas a convencer a tu cliente y te vas a llevar el proyecto… Pero en la práctica, no está tan claro que ésto vaya a ser así.
La diferencia entre lo que queremos y lo que necesitamos
Incluso si consigues probar que aquello que haces es más barato, más eficiente y que aporta más valor que la competencia, es posible que el cliente se decida por otro proveedor. Esto sucede así porque, según nos explica Seth Godin, incluso la gente más racional acaba comprando lo que quiere, y no lo que necesita.
Hay una especie de “emoción” que sobrevuela el proceso, que muchas veces tiene más fuerza que la razón, y que acaba inclinando la balanza, es decir, la decisión de la gente.
Una “historia” puede valer mucho más que un “hecho” contrastable
Es cierto que las grandes marcas y los grandes proyectos se construyen sobre un valor real, y sobre una ventaja competitiva auténtica. Pero, según explica Godin, la gente del marketing utiliza esta ventaja competitiva sólo como un punto de partida para construir una historia, y no como columna vertebral de la estrategia de venta.
Esa “historia” tiene otros muchos ingredientes intangibles que apelan directamente al cliente: está basada en relaciones, en interacciones, en emociones y en una determinada visión del mundo. De hecho, como profesionales todos sabemos -porque lo hemos experimentado para bien o para mal- que una relación personal más fluida pueda hacer que una oferta “técnicamente” e incluso “económicamente” inferior pase del puesto 3 al 1, y se lleve finalmente el proyecto.
Para explicar esta pugna entre los “hechos” y la “historia” vamos a poner un ejemplo muy simple (y simplificado):
En la actualidad, puede que yo fabrique la bicicleta más ligera del mercado. Pero no me interesa basar toda mi estrategia en el hecho de que pesa sólo 7 kilogramos. Puedo ir mucho más allá si consigo convencer a mis clientes de que montar en mi bicicleta es toda una “experiencia”; de que con ella sientes que vas “flotando” sobre la carretera…
Depender de un “hecho” es arriesgado
Es verdad que hay empresas y profesionales que prefieren centrar todo su esfuerzo de venta en un factor concreto y contrastado. Por ejemplo, en el precio. Pero esto es realmente arriesgado. Esos bienes y servicios suelen convertirse con mucha facilidad en commodities -bienes comunes que casi cualquiera puede crear- y eso significa que en cuanto un competidor consiga ofrecer un precio más bajo que el nuestro -algo que no tardará en ocurrir- nuestra estrategia se habrá derrumbado.
Volviendo al caso de la bici. ¿Qué haríamos si un competidor consigue fabricar una bicicleta de menos de 7 kilos de peso? Si hemos apostado por una cifra, lo tenemos complicado. Pero si hemos apostado por una “experiencia”, nada nos impide seguir trabajando sobre la idea de que con nuestra bicicleta “flotas” sobre la carretera. Porque se trata de algo más que una simple cifra en la báscula.
Apasionante, ¿no crees? Puedes leer el post Facts always win, ¿right?, publicado por Seth Godin.

17 de julio, 2009 - 11:44
Estoy de acuerdo en que todo lo que consigamos vestir al producto con apelaciones al subconsciente será positivo. Despertar las emociones -que para eso sirven las historias, no?- del cliente conseguirá atraer curiosos y posibles compradores, pero, basta esto? En los últimos tiempos me estoy dando cuenta de que el departamento de marketing se ha constituido como la parte más importante de las empresas. Se recorta en materias primas, personal de producción y se buscan sinergias y fusiones, pero el marketing y las ventas se constituyen como el pilar sobre el que se sustentan las organizaciones. Y esto es un error, creo.
¿Se puede vender con cariño un producto que se ha fabricado deprisa y sin emoción? Antes, los emprendedores iniciaban negocios que les gustaban, buscaban su realización personal en llevar a cabo trabajos que les motivaban, conseguir los mejores productos… Ahora, los emprendedores ya no buscan hacer un buen trabajo, sino vías para obtener dinero. El objetivo ha cambiado, y la importancia creciente del marketing constata esta realidad.
Gracias a la crisis, es probable que las cosas vuelvan a cambiar. Ojalá fuera posible volver al medieval concepto de “el precio correcto” en vez del actual y especulativo de “precio de mercado”.
Perdón por la chapa. Para ser primer comentario he iniciado un montón de temas. Seguiré espiando el blog!!!
17 de julio, 2009 - 12:34
Gracias Zeberio por tu participación, puedes chapear todo lo que quieras! Creo que si hay emprendedores que buscan sólo el dinero pero también hay unos cuantos de lo que se mueven por la ilusión y pasión de hacer lo que les gusta. Hace un tiempo escribimos este post sobre los tipos de emprendedores http://facturagem.com/blogdelfreelance/2009/02/23/5-tipos-de-emprendedores-%C2%BFa-que-grupo-perteneces-tu/